Un viejo adagio reza “del dicho al hecho hay mucho trecho”, al menos en países como la Argentina que ofrece contradictorias postales al mundo desarrollado.
La presentación en Ezeiza de la candidatura para organizar de manera conjunta con nuestros vecinos territoriales (excepto Bolivia), la edición Centenario de la Copa del Mundo de selecciones en 2030, luego de disipada la emoción por semejante desafío, nos ha dejado buena tela para cortar, si es que tal enfoque, le escapa a los buenos deseos y a factores emocionales como la pasión, o estadísticos vinculados a la historia del balompié en el Cono Sur, motivos que resultarían irrefutables, si solo fueran estos los únicos elementos a tener en cuenta para seleccionar las sedes de estos mega torneos.
Me pregunto si, la masterclass de Leo Messi en Qatar, es suficiente para inclinar la balanza frente a otros retadores del mundo capitalista? o si la euforia que solemos exportar colectivamente, cada vez que una camiseta albiceleste compite en cualquier lugar del planeta, es un atractivo determinante, en este caso, como cultores de una pasión incomparable y el aditamento de mostrarlo en casa si fuéramos los anfitriones?
Mi respuesta a estos dilemas es que, son insuficientes; el razonamiento de Alejandro Domínguez, Pte. de Conmebol, casi nunca salieron de esas órbitas en las cuales, sin ninguna duda, tanto nuestro país como los otros socios de esa organización (Uruguay, Paraguay y Chile), tienen al fútbol como una expresión cultural que excede el ejido de cualquier disciplina deportiva y, por lo tanto, esas argumentaciones resultan cálidas y políticamente correctas.
Sin embargo, las otras exigencias que las equiparan, nos desplazan al fondo de la tabla de posiciones y quienes tuvimos el privilegio, de cubrir estos eventos en distintas partes del mundo, podemos dar fe del atraso comparativo en el que nos encontramos para asegurar estándares de seguridad e infraestructura, para semejante cumbre.
Nada que no se pueda lograr con dinero y un latido común.

COMPETIDORES DE PESO
El proyecto “Mundial Centenario” que acompaña también la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) tiene como rivales a otros tres postulantes de los cuales, hasta el momento, el único que se lanzó es el que involucra a España, Portugal y Ucrania, invitado en medio de su conflicto bélico con Rusia. En los próximos días anunciarán sus planes Marruecos y al trío Arabia Saudita, Egipto y Grecia, que apuesta a un torneo inédito con partidos en tres continentes diferentes (Asia, África y Europa).
Uruguay es uno de los bastiones de la candidatura que se lanzó. En ese torneo el combinado charrúa se consagró campeón al derrotar en la final 4 a 2 a la Argentina, que ganó la última cita ecuménica en Medio Oriente. Es decir, el torneo de 2030 lo quieren llevar adelante el primer y último campeón junto a dos naciones vecinas como Paraguay y Chile.
Aunque no hay informaciones confirmadas oficialmente, de acuerdo a las declaraciones manifestadas por las autoridades en la presentación, entre ellos el presidente de la AFA, Claudio Tapia, el partido inaugural sería en el estadio Monumental de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la definición, en el Centenario de Montevideo. Otras ciudades que tienen ventaja para recibir partidos son Mendoza con el estadio Malvinas Argentinas, Santiago del Estero con el Madre de Ciudades, La Plata con el Único y Córdoba con el Mario Alberto Kempes.
Hasta el momento se jugaron 22 Copas del Mundo y Sudamérica fue anfitriona cinco veces: Uruguay 1930, Brasil 1950, Chile 1962, Argentina 1978 y Brasil 2014. No es la región que más veces la organizó, ni la que en más ocasiones se quedó con el título, aunque la victoria de la Argentina sobre Francia en Doha el 18 de diciembre pasado achicó la brecha con Europa. El Viejo Continente quedó con 12 títulos (cuatro de Alemania e Italia, dos de Francia más uno cada uno de España e Inglaterra) y el sur de América, con 10 (cinco de Brasil, tres de la Argentina y dos de Uruguay).

ESTADIOS, AUTOPISTAS, AEROPUERTOS Y TRANSPORTE PÚBLICO
Todos estos servicios han resultado prioritarios hasta aquí, para quienes fueron sedes de los últimos torneos mundiales; justamente nuestro gran déficit y esto incluye a los otros países vecinos, especialmente Uruguay y Paraguay, donde las grandes obras viales dependen de recursos que no están disponibles para ser ejecutados en pocos años. El transporte público en todas sus modalidades, salvo en la ciudad de Buenos Aires y algunos partidos cercanos, no se corresponde con la demanda en tiempos de una competencia que puede albergar a cientos de miles de visitantes en pocos días, lo que podría generar un verdadero caos, si semejantes estructuras viales no son agiornadas en tiempo y forma, un dato que también muestra esa carencia es que solamente en Capital Federal y Santiago de Chile, cuentan con servicios de metro, que resultan los preferidos por los aficionados para trasladarse entre los estadios.
Es imprescindible sincerar el análisis que no debiera estar apoyado exclusivamente en los aspectos que fortalecen esta candidatura, sino ajustando el foco en el enorme trabajo que hay por delante para calificar exitosamente, en la asamblea de FIFA que se va a desarrollar el año próximo, donde se decidirá la suerte de los oferentes o aspirantes, hoy por hoy, sinónimos de un sistema poco transparente.
Ojalá que las figuras históricas de Alfredo, Diego y Lionel traccionen lo suficiente para esmerilar todas las desventajas que llevaremos a ese determinante comicio.

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