La distancia a París no está medida ni en kilómetros ni en tiempo, variables ya conocidas y que, puestas a revisar, nos muestran que estamos a la vuelta de la esquina de uno de los eventos deportivos más importante en la agenda global, al memos para nuestro fútbol y para el plan de trabajo de Javier Mascherano; ese camino se mide en función de los obstáculos, que los equipos más poderosos que poseen los derechos de los futbolistas, suelen colocar desde hace mucho tiempo, en consecuencia su planificación es de momento, una utopía.
Más que largo, sinuoso ese trayecto a la capital francesa donde se disputarán entre 26 de julio y el 11 de agosto, los Juegos Olímpicos en su edición Nº 33, en este marco de escasos recursos para la delegación Argentina en general y en particular para nuestro deporte insignia, que aún no afectado económicamente en tanto deporte profesional, como marcábamos anteriormente, si afronta los dilemas sobre la sesión de los jugadores más determinantes con ese límite de 23 años, según la modalidad de este deporte, en esta milenaria competencia.
ALGUNOS APUNTES QUE SE TRAJERON DESDE VENEZUELA
Alguna lágrima se escapó entre la felicidad y el desbloqueo de una situación límite: Mascherano renunció después de la eliminación de la Argentina en el Mundial Sub 20 que se organizó en el país, pero entre Lionel Scaloni y Bernardo Romeo –director general de los seleccionados juveniles– torcieron la dimisión, ratificaron la confianza y empujaron a dirigir el Preolímpico.
En el campo de juego, donde se vislumbra la tarea del entrenador, la defensa fue el sector de la alineación que más sufrió, entre lesiones y suspensiones: Di Césare y Joaquín García, que empezaron como titulares el torneo, debieron dejar la alineación por molestias musculares; el zaguero volvió con Brasil, y fue reemplazado por el lateral en el segundo tiempo. Valentín Barco y Gonzalo Luján fueron expulsados con Venezuela, en el polémico estreno del Cuadrangular Final, y Juan Nardoni, un volante que debió reconvertirse en defensor ante la urgencia, se desgarró en el juego con Paraguay, por la segunda fecha del mini torneo que clasificó a los dos representantes de la Conmebol a los JJ.OO.
Con una defensa averiada, la línea de volantes debía ser un dique en el torneo, pero el seleccionador no logró componer una estructura confiable. Para el cotejo con Brasil apeló a los tres mediocampistas con los que inició el certamen: Equi Fernández, Sforza y Cristian Medina. No tenía muchas más alternativas, porque para el encuentro definitorio no dispuso de Federico Redondo, que acumuló dos amonestaciones y recibió una jornada de suspensión.
El retroceso, reagruparse, reordenarse cuando se pierde la pelota, es una vieja cuenta pendiente para Mascherano, porque sus equipos fallaron también en esa faceta del juego en el torneo Sudamericano y en el Mundial Sub 20 de 2023. Ese déficit lo capitalizó Paraguay –rival con el que empató agónicamente dos veces, 1-1 en la etapa de grupos y 3-3 en el Cuadrangular Final– y explotaron también Venezuela (2-2) y Brasil. El Scratch fue el único que no logró convertir: descubrió un muro en las atajadas de Brey, en particular en el segundo tiempo, cuando el guardavalla ahogó los festejos de los ingresados Gabriel Pec y Kennedy, juvenil que selló la final de la Copa Libertadores del año pasado a favor de Fluminense frente a Boca.
Llamativamente, y ante todas esas vallas, la Argentina finalizó el Preolímpico invicta, con tres victorias y cuatro empates. Convirtió en todos los partidos, sumó 17 goles en siete juegos, y en ese rubro se destacaron Almada y Luciano Gondou. Capitán, líder futbolístico, campeón del mundo en Qatar 2022, máximo anotador del equipo con cinco festejos –tres de penal–, Almada frente a Brasil enseñó talento y jerarquía para adueñarse de la pelota para generar ofensivas y cuidar el balón, tras la ventaja. También estuvo a centímetros de anotar: estrelló un tiro libre en el poste en el primer tiempo. Fue el eje a lo largo del recorrido y cuando se encendió, el equipo tuvo el salto de calidad que se esperaba de una selección que desde los nombres invitaba a esperanzarse.
El caso Gondou es una rareza: el atacante de Argentinos saltó desde el banco y convirtió frente a Paraguay, Perú y Chile; recién obtuvo un lugar en la formación con Uruguay, cuando la selección jugó con nombres alternativos, porque ya había asegurado el pasaje al Cuadrangular Final. Volvió a la lista de recambio y recuperó la posición de titular con Brasil, dándole forma a un doble 9 con Castro. Otro detalle: fue la primera vez que la Argentina utilizó dos jugadores de área en el torneo desde el inicio. Y cuando la desesperación, porque el reloj avanzaba y el gol no llegaba, el “Bombardero de Rufino” versión siglo XXI se elevó en el área y de cabeza conectó un Centro de Barco.
Estos recursos que emergieron a partir de una realidad austera, frente a semejante logro deportivo, una vez más sobre los mismos intereses brasileños, se han convertido acaso en el primer activo, de un entrenador objetable y con escasa ascendencia en la opinión pública, que los fustigó por sus aparentes deméritos para ocupar ese cargo, independientemente de su extraordinario aporte a la causa albiceleste en otros tiempos, Mascherano disputó 143 partidos con La Gloriosa, en esos 15 años, jugó 4 mundiales y además, se ha convertido en el único deportista en los tiempos modernos, en ser bicampeón Olímpico, una marca no solo imborrable, si no inalcanzable.
Será duro el proceso de seducción para la sesión de los jugadores que ya están en la elite del fútbol europeo, no obstante, el alivio del objetivo alcanzado, le ha mejorado sustantivamente el plafón de credibilidad a este cuerpo técnico que además, tiene el palenque de Lionel Scaloni.
