A medida que tomamos distancia de ese glorioso momento vivido a fines del año pasado y en cual, todos fuimos felices por un rato, crece la dimensión del logro deportivo, que, además, con un efecto deseado, se derramó hacia lugares remotos como, por ejemplo, el abrazo genuino del pueblo argentino.
Conforme pasan los días, notamos que los valores que se difundieron desde un campo de juego, en esa trivialidad del fútbol, sentimos que como en pocas ocasiones, la legitimidad estuvo presente atravesando tal gesta. Nadie como ese equipo de Lionel Scaloni, mereció llegar a la cima del podio; nadie como ese seleccionado albiceleste, jugó tan generosamente, despojado de temores y prejuicios, pocos equipos mundialistas en la historia de esta competencia, se atrevieron a tanto en la fase final, ante las potencias del momento.
A continuación, un punteo de esos méritos con los que el mundo del fútbol, coincide al evaluar al Campeón del Mundo:
1 Capacidad de resiliencia: Pocas veces en la historia de los campeones mundiales, un equipo pudo sobreponerse a tantos golpes. Antes de comenzar el torneo, se lesionó Giovani Lo Celso, el protagonista del Plan B si Lionel Messi se encontrara marcado, o fuera de la cancha, para tener la pelota y hacerla jugar. El entrenador Lionel Scaloni tuvo que improvisar, muy cerca del debut, otra idea. Luego, debut con la que fue, acaso, la peor derrota argentina en la historia de los mundiales ante Arabia Saudita, justo el día en el que, con sólo no perder, podía alcanzar el récord de 37 partidos invicto que estaba (y sigue estando) en manos de Italia. No sólo Argentina se recuperó, sino que en apenas dos partidos más, terminó ganando el grupo. Luego, en cuartos de final, ante Países Bajos, ganaba 2-0 y le empataron 2-2 en la última jugada de un descuento de diez minutos. Dominó ampliamente los treinta minutos del tiempo suplementario, metió un remate en el palo en la última jugada, tuvo seis ocasiones de gol, pero debió ir a los penales, donde, de todos modos, se impuso. En la final ante Francia, otra vez 2-0 arriba y siendo superior por 79 minutos, pero tuvo que ir al alargue, donde se imponía 3-2, le empataron 3-3 y, de todos modos, se impuso en los penales.
2 Riqueza táctica para afrontar los partidos: El entrenador, Lionel Scaloni, planteó los siete partidos con hasta siete esquemas tácticos distintos, de acuerdo al rival y a la ocasión. Ante Países Bajos llegó a colocar un quinto defensor, con la entrada de Lisandro Martínez para sumarse a la habitual defensa de cuatro. A veces marcó con tres en el fondo y cinco volantes. En la final, jugó con dos delanteros de punta porque Ángel Di María, por la izquierda, hizo daño a un Jules Koundé que no siente la banda porque es, naturalmente, un defensa central. En la variedad estuvo parte del éxito. Nunca se estancó. En el debut arrancó con un 4-3-3, con Alejandro Gómez por la izquierda y Di María por la derecha. Nunca se casó con un esquema.
3 Un equipo que jugó para el genio: Aún teniendo un genio como Messi, la selección argentina fue un equipo. Sólido, compacto, con un arranque a buena velocidad en el medio por el cambio de ritmo de Rodrigo de Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, la visión global de Messi, y el desequilibrio de Julián Álvarez y Ángel Di María arriba. Por fin, el equipo argentino tuvo un esquema que respaldara al genio y no como antes, que dependía de él para todo.
4 Un notable arquero: Se suele decir que para salir campeón hace falta tener un gran arquero y Emiliano “Dibu” Martínez es el mejor guardameta que tuvo la selección argentina desde Ubaldo Fillol en los Setenta/principios de los Ochenta, pasando, acaso, por Luis Islas en los Noventa como único eslabón. Martínez fue fundamental en los penales pero también en extraordinarias tapadas en momentos clave como contra Australia en octavos, Países Bajos en cuartos y Francia en la final. Con una completa seguridad en sí mismo, Martínez pasa ahora a la consideración mundial cuando ya brillaba (para los que lo seguían continuamente) en el Aston Villa en la Premier League.
5 La aparición de figuras rutilantes en el momento justo: A pocos días para comenzar el Mundial era impensable que Fernández, Mac Allister o Álvarez se convirtieran en estrellas de este calibre, pero así fue. En pocos minutos pasaron a ser fundamentales para el equipo y su cotización ahora está por las nubes.
6 Un entrenador cercano a los jugadores pero firme en sus convicciones: Scaloni probó que se puede estar muy cerca de los jugadores en el día a día, llorar con ellos, como en el momento de ganar la final a Francia, reírse o dejarles el protagonismo, pero cuando hay que tomar decisiones fuertes, lo hizo. Le tuvo que explicar a uno de sus jugadores-base, Lo Celso, que si no estaba bien, era más importante su salud y que le dejara su lugar a un compañero y no lo incluyó en la lista definitiva de 26. Ya a Nicolás González y a Joaquín Correa los reemplazó en la última semana, pese a estar ambos en la lista, porque no los veía bien físicamente. Después de la derrota ante Arabia Saudita en el debut, hizo varios cambios. Se consolidó Julián Álvarez como atacante, y entraron (para ya no salir) Enzo Fernández y Alexis Mac Allister.
Este resumen que compartimos con el amigo y periodista Sergio Levinsky, ahora en perspectiva, cobra otra dimensión y autoriza a las ilusiones de todos los aficionados por ver en el tiempo, una identidad de juego poco comparable.
Por otro lado, el duro traspié del Seleccionado Sub 20 hace unos días en Colombia, sin poder superar el cuadro clasificatorio, nos recuerda, además, que hay mucho trabajo por delante y que las comparaciones, son impertinentes, al fin y al cabo, también Lionel Scaloni, tendrá que diseñar otro proyecto para capitalizar esta corriente avasallante.

