Así se vivió la larga noche de Doha luego que el árbitro holandés dio por terminada la disputa en el Estadio 974. Fue un reencuentro con los fundamentos deportivos que nos trajeron hasta este remoto lugar de Medio Oriente; detrás de esa zanahoria vinimos todos, hinchas y también periodistas que localizaron en este ciclo liderado por Lionel Scaloni una frescura de la que no teníamos antecedentes, al menos en las últimas dos décadas.
Esa candidez que no es sinónimo de ingenuidad, tiene vínculo con esa fascinación que los nuevos vientos provocan y esto, indudablemente, lo estableció este cuerpo técnico, por el cual, como aquel Achával del personaje de Eduardo Saccheri, nadie daba dos mangos.
Es probable que un ciclo tan exitosamente conservado a lo largo de los últimos dos años, haya generado en la mayoría, incluido los protagonistas directos, una sensación de bienestar que este juego suele castigar con un pulso de admonición que no siempre es detectado a tiempo.
En la conferencia de prensa, el técnico nacido en Pujato, trajo una vez más a esa mesa de debate el partido ante los saudíes; no creo que se trate de una estrategia impensada, Scaloni suele entregar reflexiones a manera de catarsis, cuyos destinatarios elípticamente suelen ser todos.
¿Qué persigue el entrenador albiceleste que con esa apelación?
Sospecho que mantener un equilibrio entre la brutal caída anímica y el triunfalismo que se vivió hace algunas horas, después que Argentina jugara uno de los mejores partidos de la era Scaloni teniendo en cuenta las circunstancias límites y un rival agazapado del que poco se sabía.
Este cronista volvió a intervenir en esa charla post partido y frente a la pregunta sobre el nivel recuperado por el equipo del que todos dieron cuenta y de su clasificación con un mensaje de candidatura, rápidamente se curó en salud: «No estoy de acuerdo, somos los mismos, no somos candidatos a nada, jugamos un buen partido y como dije después del juego ante Arabia, vamos a dar pelea, pero pensar que porque ganamos hoy vamos a ser campeones es totalmente errado. Hay que destacar la actuación del equipo y los métodos utilizados para alcanzar la victoria; después, en este juego, podés perder, lo importante es el cómo, por eso me sigue doliendo la manera de cómo perdimos en la presentación del Mundial, no fue una actuación propia de este equipo, en 4 minutos nos hicieron dos goles y nos quedamos con bronca porque hasta ese momento no estábamos desenfocados, por eso repito, no somos candidatos ni favoritos, somos los mismos».
Scaloni recorre esos caminos públicamente y logra con frecuencia empatizar con la gente que lo observa como un líder sereno, sensible y hasta vulnerable; sin embargo, al momento de tomar decisiones, se comporta con el rigor de un brazo firme difícil de doblegar y de prever. La formación inicial frente a los polacos estuvo rodeada de cierto misterio hacia afuera, pero cuando se confirmó, todos notamos que sus correcciones habían sido correctas en lo teórico y netamente reparadoras en los hechos.

OSCAR RUGGERI
«Jugamos un partido intenso y de gran nivel». Esta es una de las frases que me dejó el mano a mano con Oscar Ruggeri, llegado a Qatar como parte del staff de ESPN e invitado por FIFA en la categoría leyendas del fútbol mundial, al que apodan Cabezón.
Campeón mundial en 1986, suele tener reflexiones carentes de cosméticos: «No veníamos teniendo un buen mundial, la verdad que llegamos a este partido con varios interrogantes, algunos ya los habían respondido favorablemente frente a México y era una oportunidad importante la de esta noche. Tuvimos la pelota todo el partido, no nos caímos cuando Leo falló el penal y después llegaron los goles con paciencia, debimos cerrar con una goleada».
Sobre la tarea de los zagueros, Ruggeri, que conoce el puesto y la presión de ponerse una casaca como la albiceleste en mundiales dijo: «Cuti jugó con gran prestancia y también Otamendi se ha afirmado como un baluarte de la defensa; esto es clave en este tipo de torneo con pocos partidos, da garantías al arquero y transmite seguridad al resto del equipo».
Se perdió entre los hinchas que lo acosaban pidiéndole fotos y videos en medio de una platea que se mezcló con la tribuna de prensa, en una jornada inolvidable. Argentina había dejado atrás esas pesadillas que la asaltaron desde su llegada a Doha y que fue perdiendo gravitación a medida que el equipo tuvo minutos oficiales y bajo los condicionamientos que provocan las chances de tomar el equipaje y retirarse con pena y sin gloria.
Yo también rearmo mis petates y busco la salida hacia los buses que nos llevan a los distintos destinos de esta ciudad, que durante el día es monumental, pero que de noche es espacial; todavía en los alrededores de los contenedores pululan argentinos que vacían sus cancioneros y prometen el sábado empujar este carro desde las tribunas ante los australianos.
Los melones se fueron acomodando, dentro y fuera de la cancha. La Scaloneta puso primera y a juzgar por el nivel de juego, segunda y hasta tercera por momentos; misterios de este deporte cuando hace una semana estaba empantanada. También el público decidió jugar desde las tribunas su partido como nunca antes en una comunión que, de sostenerse, será imposible no aceptar el mote de «candidato». Al fin y al cabo en esta carrera de 100 metros, los momentos son determinantes y por lo que se vio en 974, lo mejor está por venir.

Share.
Exit mobile version