En cierto modo, París dejó de ser la Ciudad Luz en términos futbolísticos y tal caracterización ahora le corresponde a Miami. De pronto, emergen en todo el mundo apasionados por el soccer de la MLS. A pesar de sus 36 años, Leo Messi encandila con su magia.
Desde que Leo Messi anunció su despedida del fútbol europeo, un redil en el que potenció todo aquello que el pedigrí rosarino le había inyectado, las competencias en el Viejo Continente todavía no terminaron de acomodarse, tal el brillo que su presencia le imprimía, incluso en las que nunca jugó pero que igualmente sintieron el beneficio de esa luz que solo los genios amplifican.
Claro que hay dos competencias particularmente afectadas en términos de impacto mundial; una de ellas es la Liga Española, que todavía no terminó de procesar su partida hace mas de dos temporadas, a la que le siguió la de Cristiano Ronaldo, asestándole un golpe que dejo grogui a ese sistema, donde claro está, los catalanes llevaron la peor parte y la otra competencia con visibles cicatrices, es la francesa, cuyo torneo perdió brillo y estelaridad frente a la decisión del Capitán albiceleste de hacer el equipaje y un cierto desaire a la Ciudad Luz.
Todas las cavilaciones son pertinentes ante el impacto que estos movimientos bruscos provocan, si bien el fútbol en tanto disciplina colectiva, recuerda con frecuencia que los aspectos individuales deben estar por debajo de aquella condición, la presencia de fenómenos muy esporádicos en su historia como el último Campeón de Mundo, lo subordinan y se convierten en esa indispensable excepción de la regla.
La elección de un destino en vías de desarrollo futbolísticamente hablando, anticipaba ruidos, algo así como crujidos de estructuras rígidas que deberían adaptarse al fragor de un impacto que evidentemente, no estaba dimensionado adecuadamente, ergo, las controversias comienzan a aflorar en un sistema, al que el fútbol en una acepción mas popular y con un aporte de latinidad inédita, lo desacomoda gravemente.
A continuación, sumamos a este editorial, la mirada del Dr. Juan Manuel Herbella, cuya profundidad en el análisis, permite entender mejor los motivos de las primeras voces disonantes. “Va creciendo una corriente que está poniendo de moda ser crítico sobre el arribo de Lionel Messi a Miami. No se cansaron con caerle porque no cantaba el himno, porque no tomaba mate, porque no tenía acento argentino, etc. Resulta que ahora, desde el mundo progre antisistema
capitalista empezaron a cascotear a la distancia al mejor jugador del mundo porque, en todo su derecho, decidió tirar sus últimos cartuchos justamente en los Estados Unidos.
Recordemos, por si algún lector desprevenido no lo sabe, que Messi ya no tiene ningún título en el viejo continente por conseguir. Lo ganó todo. Lo mismo que también hizo con la Selección argentina. Resulta que la decisión de Lionel genera urticaria en una parte de la población que mira, analiza y juzga con la limitante de sus ojos, con su
experiencia de persona común y con sus prejuicios más fuertemente arraigados, la vida de un fuera de serie. Porque Messi no es normal, amigues. La vida de Messi y sus potencialidades es estratosférica, como la de Elon Musk.
Están los prejuiciosos por el país que eligió, ¿acaso hubiese sido mejor para vivir un país árabe, como se fueron Ronaldo o Benzema? No “amigues”, ni de casualidad.
Están los ideologizados de extrema izquierda, que con sólo escuchar que el club era de la familia Mas se volvieron locos, ¿acaso los qataríes, propietarios del PSG donde jugaba o los dueños del Liverpool o del Manchester City, adonde podría haber ido, son menos pro-yanqui que los hijos de Jorge Mas Canosa? No “amigues”, son la misma tela cortada por
distinta tijera.
Están los anti mercado que les molesta el merchandising, los sponsors, el marketing and the business que tiene el
deporte en Norteamérica, porque sí en algo se han destacado los descendientes del Tío Rico y el Pato Donald es en meterle show a todo, incluido el deporte, y colonizarnos (lamentablemente) con muchos de esos términos. Bueno amigues, ¿acaso ustedes no van al shopping en lugar de al centro comercial? Que mejor que el mejor jugador del mundo
busque hacer crecer un show en el mejor lugar y se beneficie con eso. Nada, chiques.
Por último, están los peores, los simbolistas que le exigen a Messi que se contenga de disfrutar una hermosa experiencia de vida en familia, como disfrutan las clases medias y altas (y altísimas) de los centros urbanos de Argentina pero en mucho mayor medida del resto de Sudamérica, porque su presencia convalida esa creencia y destrona a París, como la ciudad donde vivir. Queridos amigues, él ya vivió en París y también en Barcelona, ahora déjenlo disfrutar tranquilo de Miami. Como bien ustedes saben y dicen que lo hace un montón de gente.
Y digo que son los peores, porque son los que celebraban a Diego, sentados en sus sillones, cuando se hacía mierda peleándose con todos y no disfrutando de ser quien era y de todo el esfuerzo que había realizado para llegar a donde llegó.
Cuando uno se sienta y recupera la historia de muchos de estos extraterrestres del deporte ve ascensos vertiginosos y finales violentos.
Celebro que Lionel Messi sea feliz con su familia, que disfrute del juego en un lugar tranquilo, que busque compartir tiempo común con sus hijos, que comience un tránsito lento hacia su segunda vida (la de exfutbolista) y si, en ese proceso, disfruta de algo de banalidad, bien ganado lo tiene. Así que déjenlo vivir. ¿Qué más quieren pedirle? ¿Por qué no son ejemplo ustedes? ¿Acaso quiere que termine como Diego? Solo díganle todos los días: “Muchas gracias, genio, por todo lo que nos diste.” Y guárdense las críticas.”
El lector podrá constatar que este acontecimiento de época, no admite indiferentes, solo un par de nombres en la historia de este deporte, se han movido en vida, en ese exclusivo rango de leyendas, ninguno en pleno uso de sus facultades deportivas como este predestinado hombre nacido hace 36 años en la calle Estado de Israel al 525, de la ciudad de Rosario.

