En modo super héroe por sus festejos ligados a los personajes de Marvel, Messi cosechó un título más y agranda su leyenda. En un mes ganó siete partidos, convirtió 10 goles y por primera vez el Inter de Miami levantó una copa. Además es la primera vez que un equipo estadounidense se queda con la Leagues Cup.
El haber asistido en calidad de cronista a los 26 partidos de Lionel Messi en los mundiales, un récord para esa competencia, no me autoriza a considerarme su biógrafo; empero esa línea de tiempo que fue desde Alemania en 2006 a la consagración en Lusail el 18 de diciembre pasado, me liga como una especie de cordón umbilical a sus mejores hazañas.
Estos acontecimientos de época, no siempre tan frecuentes en las disciplinas deportivas, marcan a fuego a quienes son o han sido testigos de esas proezas y en el caso del rosarino, privilegiados y contemporáneos de su interminable gama de recursos y vigencia, que adosadas al magnetismo de sus títulos, lo han dejado para siempre, en la soledad del limbo.
Escribe el Maestro Ernesto Cherquis Bialo: “Valdrá la pena insertar un breve inciso de experiencia personal para explicar este hecho sorprendente que acaba de producirse con el nuevo récord de Messi en la MSL. Y es que siendo un adolescente tuve la oportunidad de ver los “gloriosos regresos” de dos protagonistas “eternizados” en el reconocimiento universalizado del fútbol argentino. No importaba de qué cuadro fueras hincha; antes bien, se trataba de tu ecuanimidad para disfrutar del juego excelso de los grandes maestros.
Fue así que cuando José Manuel Moreno, “El Charro”, regresó a la Argentina y tras pasar por Boca a comienzos de los 50 logré que mi madre me diera permiso para ir a la cancha de Ferro sólo para ver al enorme Moreno. Por entonces yo tenía 13 años y me sentía un privilegiado de ver a aquel monstruo de la Máquina de River, quien volvía al país tras convertirse en ídolo del fútbol mexicano. Moreno fue además un jugador amado por la tribuna de Boca. Qué caso tan bellamente curioso… Eran aquellos lujos sociales de antaño… Y un año más tarde, en el 54 ya como hincha de San Lorenzo extendía el viaje del tranvía 84 que tomaba en Gaona y Terrada, mi viejo barrio de Flores y me llegaba a la Avenida La Plata para caminar las 14 cuadras desde Rosario hasta Inclán donde quedaba el Viejo Gasómetro, la mejor cancha de Buenos Aires para ver y disfrutar del fútbol. Allí, en el preliminar de la Reserva jugaba René Pontoni quien volvía de enamorar a los colombianos. Ídolo de todos nosotros, los “cuervos”, incluyendo al cura Jorge Bergoglio con quien alguna vez nos miramos satisfactoriamente atónitos tras alguna jugada de Pontoni. Sí, se llamaba René, “…no podía llamarse de otra manera pues también era un nombre aplicable a la ternura femenina con la cual trataba a la pelota”, tal como alguna vez lo escribiera mi amigo El Veco en El Gráfico.
Eran destellos de Moreno para ver como pasaba el balón filtrado entre los defensores para que Lugo o Garabal quedaran mano a mano con el arquero adversario. Toques magistrales. Iguales a la de Pontoni quien con la rodilla izquierda sujeta levantaba la cabeza para ver por dónde andaba el pibe Sanfilippo a quien le enseñó el oficio de enorme goleador señalándole con las manos los espacios huecos por donde hallaría el balón listo para rematar y marcar.
Era a todo cuanto aspirábamos pues Moreno y Pontoni giraban alrededor de los 35 años y con tres o cuatro jugadas y sin correr hacían las delicias de los hinchas. Nos íbamos satisfechos de las canchas… Habíamos visto magia en tres pases y dos gambetas. Y en los tiempos futuros otros cracks superarían aquellas expectativas con mejores despliegues físicos. Qué sé yo: Diego, Verón, el Chori Domínguez, Cavenaghi, Maxi Rodríguez, los Milito, Román, Cani… tantos, docenas. “Pero ojo -decíamos entonces- no le pidamos demasiado, pues pasan los 30 y vienen a dar su amor por la camiseta…”.
Es entonces cuando al verlo a Messi hoy con 36 pidiéndola siempre, rematando los tiros libres, jugando los 90 minutos, picando como en el Barcelona de los primeros tiempos para que el Inter de Miami instale la idea de agregarle pasión a la admiración que por ahora sólo él provoca, hay que emocionarse…
Cherquis desde la historia y sus vivencias, ilumina aún más este escenario, que a su vez está montado en un país que presume de saberlo todo en términos de espectáculos y marketing, ergo, la amplificación es tan colosal como desmesurada. Los testimonios y elogios de muchos de los protagonistas de otros deportes más populares que el fútbol en Estados Unidos, autorizan a describir a este personaje, como a un hombre sin ocaso, tan es así, que pese a esta hiperbólica definición, su multitudinaria legión de fans, sigue acunando sensaciones que no encuentran límites.
La agenda de Messi no le va a permitir descanso alguno, no le está permitido detenerse hasta que aclare y no hay opciones. En pocas horas la demanda en la MLS lo pondrá otra vez en el camino de los desafíos y en algunas semanas, Lionel Scaloni lo volverá a ungir para comenzar a deshojar un nuevo camino hacia una Copa del Mundo, que, en tanto campeón defensor, renovará las expectativas de un sistema que sigue famélico detrás de sus interminables reinvenciones.
Son pocos ya los que se han quedado mascando el escepticismo de una liga al talle de los jugadores acabados o de una competencia de clubes de amigos, sin la hipocresía de otorgarle una categoría que evidentemente no tiene, el fútbol en el norte de nuestro continente, está encontrando una inspiración impensada hace un par de meses atrás y es muy probable que no la desaproveche, lo cierto es que para el resto de los aficionados en todo el mundo, Messi sigue siendo una buena noticia de esas que entibian el alma y siguen humedeciendo los ojos.
¡¡¡¡¡Salud Campeón!!!!!

