Pocos jugadores en su puesto generan una reacción colectiva en los aficionados y el respeto de sus colegas, como el Dibu Martinez, una especie de milagro criollo cuyo hacedor tiene nombre y apellido: Lionel Scaloni.
Dejo el estadio Centenario con un bagaje de sensaciones que quiero compartir a manera de apostillas de una noche de ratificaciones, a saber:
Emiliano Martinez anoche jugo su partido nro. 50 en el arco argentino, su planilla arroja datos abrumadores, solo en 14 recibió goles, una estadística que explica su reinado internacional y su influencia en este ciclo, el más exitoso en la historia albiceleste.
Thiago Almada, cuya convocatoria para el Mundial de Qatar despertó quejas y suspicacias en su momento, le devolvió al entrenador anoche frente a Uruguay, una actuación sobresaliente con un gol antologico para una victoria colectiva rotunda y una actuación personal, consagratoria.
Nico Otamendi, también en los centímetros finales de su prestación con La Gloriosa, se cargo a Darwin Nuñez y compañía con un aplomo y un temperamento que ya no se consigue en el mercado.
Y un párrafo aparte, para Leo Paredes, sustituto ayer de De Paul pero imprescindible como estratega para obligar al rival a jugar a su ritmo, a reducirlo a sus propios intereses, debilitandolo en esas infulas que los equipos locales, pretenden imponer en los primeros escarceos.
Scaloni por necesidad y convicción ya comienza a presentar el diseño de otra remodelacion de su proyecto, sabe que están al caer las partidas de los fundadores y por eso, apura por ahora con lucidez, la presentación de una nueva generación que revalide la prevalencia de nuestro fútbol, en la élite mundial.
Un reto exigente y una búsqueda incansable de un equipo técnico que ya promocionó medio centenar de valores.
Nos vemos en el Monumental…..
