Me une a Lionel Scaloni una relación de afecto y admiración por su filosofía de trabajo, su temperamento moldeado fuera de lo tóxico que nuestro medio impone y por su perfil insondable para la prensa en general, es decir, un hombre austero lejos de las tentaciones que la gloria sugiere. Anoche hizo catarsis en Brasil y ya nada será igual, el abanico de inferencias es interminable y las razones de su inminente dimisión, también acompañan el coro de especulaciones, donde la política pide un lugar central. Scaloni es un hombre sensible que a pesar de su condición de multicampeon, no deja de ser bisoño como entrenador de élite y como referente en un sistema truculento que solo demanda y exige dejar la piel y otros órganos, en consecuencia, esos recursos no renovables, en algún momento se manifiestan rotundamente devastados. No es habitual que el éxito los expulse a los progenitores, tampoco es llevadero conducir en lo brumoso de estos tiempos en el fútbol mundial y en particular, en el venal fútbol argentino, todo gravita, todo inside y no hay un generador de energías positivas a mano para activarlo según las necesidades. Lionel Scaloni tiene una decisión tomada y me parece que ya no lo veremos atizar a sus jugadores desde el corralito o masticar las emociones, si así ocurriere mi admiración aun será mayor y su legado difícil de reproducir. Lo que sucedió anoche en el Maracaná es una síntesis de una decadencia que se expresa en conductas violentas y bochornosas de todos y probablemente, no valga la pena perder calidad de vida detrás de estas manifestaciones. Es apenas una mirada….
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