Qatar, este pequeño gigante está en la cuenta regresiva de uno de los desafíos más complejos de su breve y prolífica historia como nación; y como en aquella poesía de Serrat, no serán justamente pobres los que llenen el recibidor sino hinchas y llegarán desde la retaguardia por tierra y por mar, tampoco provocará esa curiosidad tal avidez, porque cuando el fútbol manda, se convierte en un fenómeno que se escapa de las esferas deportivas y también de la comprensión, para luego instalarse entre las cosas insondables de las culturas populares.
Esta peregrinación se renueva cada 4 años, una especie de ciclo que concentra pasiones, sentido de pertenencia y obstinaciones, algunas inexplicables, que ofician de motivaciones para estar allí donde lo lúdico se confunde con lo patriótico, donde una competencia muta en bandera e himno y donde las emociones dominan la escena entre el fervor y un grado indispensable de ingenuidad, porque en el fondo, todos quieren ser campeones.
Son infinitas las historias de aventuras que disparan estos eventos a escala planetaria; promesas, rituales, cábalas y todo tipo de sortilegios válidos que empujan a la feligresía futbolera a cruzar el mundo si fuere necesario, para no perderse ese momento único de jurar ante el mundo desde una tribuna, que moriremos con gloria.
La historia que a continuación vamos a contar, es una más de tantas que reúnen esfuerzos y quimeras, está protagonizada por una pareja de santafesinos que partió de nuestro territorio hace años y en pocos días, golpearan las manos en la puerta de Doha, para que alguien los invite a pasar.
NI EN TREN NI EN AVIÓN, EN COMBI
Julia e Ignacio hace mucho tiempo que giran por el mundo en una combi gozando de esos espacios de libertad que podemos permitirnos, si tenemos un alma sensible y porque no, un espíritu de andanzas que, a juzgar por este caso, puede resultar infinito.
En esa lejana región de Capadocia en Turquía están por estas horas aparcados al aguardo de una noticia que les devuelva el alma al cuerpo “hace unos 15 días que nos enteramos de una nueva reglamentación, que a partir de noviembre, nos se podrá ingresar con vehículos particulares al territorio qatarí, estuvimos en contacto con otros chicos que se están trasladando de la misma manera hacia Doha y que hicieron una gestión especial que podría destrabar ese postura, pero todavía no la tenemos confirmada y eso nos genera una gran confusión, mucho más si se nos habilita el ingreso a cambio de uso 1.500 y un requisito que todavía no entendemos el sentido, de ser 3 viajeros por coche” lo marca Ignacio al que se lo ve distendido en su casa rodante desde el zoom que mantuvimos en Radio El Espectador. Su compañera Julia Broda, rafaelina, agrega “cuando nos enteramos hace unos meses que en algunos países que deberíamos cruzar rumbo a Qatar, no permitían la circulación con vehículos alquilados, solo son válidos los que están registrados a nombre de los conductores, compramos esta estructura que es nuestra casa además y que ahora nos estaría impidiendo concretar este objetivo de llegar al Mundial, si persisten esta legislación”.
SE HACE CAMINO AL ANDAR
Mientras esos amigos esperan esa buena noticia, nos gustó bucear por esta modalidad de recorrer el mundo sin grandes planes ni objetivos inalterables, frente a la demanda de recursos que respalden semejante tour, esto explica Julia “esa es la pregunta que más nos hacen, pero no hay secretos, sí arrancamos con ahorros en 2016 que se nos agotaron en 5 meses y dijimos, algo tenemos que hacer si pretendemos seguir adelante con este plan; buscando información pudimos trabajar en diferentes lugares a partir de visas temporales con la facilidad que hoy también tenemos, de hacer trabajos online en diferentes redes sociales para algunas empresas y así seguir adelante sin grandes ambiciones más que las de sustentarnos para continuar por el mundo”.
Cuando partieron desde Rosario, Julia e Ignacio, no tenían por aquel entonces como meta este Mundial, sí en cambio, la travesía les permitió asistir a otro evento igualmente extraordinario “Rusia era uno de los países queríamos conocer, nos subimos al motorhome y salimos; pudimos ver algunos partidos en realidad, Ignacio tenía entradas y yo aproveche para viajar sola para conocer países del sur asiático” dice Julia que le agregó un grado de dificultad a esta travesía no menor, su pareja, pudo estar en todos los partidos de Argentina excepto el de Croacia viviendo otra experiencia única, sin embargo Julia al enterarse que un amigo le ofrecía una entrada para el partido ante Nigeria, se tomó un vuelo desde Tailandia a San Petersburgo, romántico punto de encuentro, si los hay en el mundo.
En el final de la entrevista le preguntamos, si con este panorama iban a revisar ese objetivo de llegar a la península, la respuesta de Ignacio fue rotunda “estamos decididos en viajar a la frontera para que nos dejen entrar, mientras tanto vamos a ir haciendo gestiones y que ojalá prosperen ante la embajada por ejemplo; hace unos días los otros chicos que están viajando en las mismas condiciones, le dieron una nota a Olé y esas historias la levantó la televisión qatarí y se visualizó esta cuestión que seguramente, la mayoría desconocía de esa prohibición para ingresar al país”.
Así será, por aquello que los sueños se hacen realidad si los abrazas como a los afectos; esta es la historia de Julia nacida en Rafaela que al igual que sus hermanos, se define como futbolera hincha de Atlético e Ignacio, del barrio de Pichincha en Rosario, aspiran a acompañar a la Scaloneta desde las tribunas de los lujosos estadios de Doha, un destino que pase lo que pasare en lo deportivo, no le pondrá punto final a esta aventura de atravesar fronteras y descubrirse desafiantes frente adversidades e incertidumbres.
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