Nada nos debía este tipo, sin embargo, en algún momento, las objeciones a su trabajo en la Selección, lo hicieron sentir incómodo y debió cargar con una mochila muy pesada, a la que casi nadie escatimaba en agregarle lastre a medida que pasaban los años y los títulos importantes, se seguían escapando, en algunos casos de manera miserable.
La historia de amor entre Lionel Messi y los hinchas argentinos tuvo oscilaciones, desavenencias que le llaman, sobre todo cuando lo pasional dicta las reglas; no me olvido de los silbidos de reprobación en el estadio de Colón, la noche que Uruguay nos eliminó de la Copa América, ese grupo quedó mal herido por aquel traspié, es verdad que el trabajo colectivo y también porqué no decirlo, el del propio Messi, estuvo muy por debajo de lo esperado, pero el clima de hostilidad se multiplicó de manera infame y muchos tuvimos la sensación que algo se había roto para siempre.
Leo volvió a levantarse, a pesar de los rumores que después de ese partido surgieron en relación a una dimisión, supo morder el polvo, contar hasta diez y buscar revancha una vez más.
En estos 17 años al servicio de la causa albiceleste y con 172 partidos, los momentos gratos, fueron muy pocos y los técnicos que desfilaron, demasiados; el rosarino en medio de ese aquelarre, fue matizando frustraciones en casi todos los frentes entre Copas Américas y Mundiales, por eso su renuncia luego de una nueva caída ante los chilenos por penales en Estados Unidos era tan dolorosa como aceptable, si se recuerdan aquellos argumentos.
El Patón Bauza en su breve gestión al frente del equipo mayor, hizo seguramente, el mejor aporte al convencerlo en Barcelona, para que depusiera esa actitud y que rectificara la decisión de alejarse, no demoró demasiado en aceptar la próxima convocatoria y no solo que dio vuelta la página, sino que nuevamente, se puso a trabajar y a tomar riesgos en los desafíos por venir.
Lo demás todos los futboleros lo tiene mas fresco en su memoria, guió al equipo para clasificar de manera milagrosa al mundial de Rusia y aun participando de otro momento poco feliz en la gestión de Jorge Sampaoli, con un regreso prematuro a casa, redobló la apuesta cuando tal crisis quedó en manos de un interinato que pocos comprendían, luego del anuncio que el nuevo entrenador sería Lionel Scaloni, quien además, debutaría en la función como jefe de equipo, una apuesta de Claudio Tapia que fue criticada por osada y poco responsable.
Esta noche mientras estoy escribiendo esta crónica, después que Argentina volvió a la cumbre del fútbol mundial al consagrarse Campeón en Qatar luego de 34 años, pienso que este entrenador nacido en nuestra provincia, tuvo la inteligencia de rediseñar un plantel en favor de las necesidades y el confort deportivo del capitán.
Ese trabajo silencioso pero productivo, ojos vistas, le devolvió incentivos a Messi que se sintió respaldado dentro del campo de juego y sus nuevos interlocutores, protegidos por él; no me parece esto un dato poco relevante, ya que esa sinergia fue percibida por todos y los resultados que siguieron le dieron la derecha al nobel cuerpo técnico y a ese Messi renovado y vital que hoy aquí en Lusail hemos visto y disfrutado como nunca antes.

PUNTO FINAL PARA TODA CONTROVERSIA

La imagen de Lionel Messi ofreciendo al mundo la conquista de esta Copa disputada aquí en Qatar, rodeado de las miradas cómplices de un plantel preparado al talle, además de ser la mejor síntesis de esta competencia, daba por terminada todas las estériles y bochornosas por momentos, discusiones y parangones.
Ya desarrollamos hace unos días los improductivo que perdernos años de su reinado opacándolo con los tiempos de Diego Maradona, una disputa que estuvo siempre más en el corazón de la gente, que en la relación entre ellos, sin embargo en algún punto hizo daño y demoró ese reencuentro popular.
Ya no hay dudas que ambos ocupan el mismo lugar en el afecto y reconocimiento de todos, y si ese torneo del 86 que Diego conquistó con una genialidad irrepetible, era un diferencial versus la escasa cosecha de Lionel, desde el Maracanazo, donde este nuevo equipo tomó altura e ínfulas de campeón, hasta los vivido hace unas horas aquí en el Gigante Dorado, las cuentas, si la habías, están saldadas y ambos genios del futbol mundial, ahora multiplican el prestigio de nuestro deporte insignia y se colocan en la misma línea de idolatría.
Las emociones han sido infinitas, aquellos privilegiados que pudimos asistir a este mundial, nos vamos habiendo atravesado por todo tipo de vivencias y un final guionado para una película, cuyo género es muy complejo de definir.
Hemos dejado también toda nuestra energía a lo largo de estos 7 partidos que jugó el que ahora es el nuevo Campeón del Mundo, una construcción deportiva sin parangón por los distintos climas atravesados y el suspenso que transmitió a lo largo de toda la disputa.
Para quien ha cubierto todos los partidos que Lionel Messi ha jugado para la Selección Argentina en los mundiales, 26 con el de anoche superando la marca de Matheus, la coronación con esta copa, representa mucho más que algo simbólico y personal, cristaliza, en definitiva, el trabajo y el esfuerzo de muchos que han empujado de este carro, desde 2006, por lo tanto, me recorre un escalofrío, hacer esta cronología como bitácora de viaje.
Gracias a esta profesión noble y grandiosa, anoche en Doha, algo de nosotros también quedó para siempre, en los elegantes pupitres de un estadio de ensueños.

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