En los últimos días la Conmebol sorprendió desde Asunción, con una confirmación que muchos esperaban mas adelante en el tiempo; el título que sobresalía de cualquier otro en el mundo del deporte fue, que la Copa del Mundo 2030 se disputaría en nuestro continente, tal la expectativa de los dirigentes y los simpatizantes del Cono Sur.
Claro que solo se trato de un impacto en superficie, ya que luego frente a la ampliación de tal información, esos rostros impávidos y felices trocaron por otros algo mas decepcionados en la opinión pública. Con el correr de las horas, la confusión se fue disipando ya que hasta la FIFA debió emitir un comunicado haciendo un punteo cronológico de como serán esos días entre los meses de junio y julio, en un tiempo que para los habitantes de esta parte del mundo, parece intangible.
La previsibilidad no es una característica muy valorada en nuestro país, no hay apego cultural ni vocación generacional para trazar líneas de tiempo y viajar a ese futuro con certezas, no solo en temas de políticas deportivas, el minuto a minuto en la vida de los argentinos, coloca sistemáticamente barreras a sortear, que lo hacen invisible y por lo tanto, ese anuncio de los felices tiempos que vamos a vivir en 7 años, se convirtieron en un acto casi fallido, en cuanto al impacto en la comunidad toda.
Todavía no he podido encontrar la punta de la madeja que me lleve al verdadero núcleo de ese ovillo, las sospechas rápidamente me llevan a inferir una razón de coyuntura política que vive Argentina a pasos de las elecciones generales y en la cual el futbol en tiempos de los Campeones del Mundo, inspiro a la dirigencia Sudamericana, influida como pocas veces antes por Claudio Tapia, a levantar banderas que ganaran el espacio mediático desde lo simbólico mas que de la estricta realidad.
Una movida con un sello argento a la que Alejandro Domínguez adhirió con reflejos felinos, que nos volvieron a recordar lo poderosa de esa alianza que en algún punto también contempla, una cierta complicidad de Gino Infantino en dejar que prosperara por un rato, una media verdad.
El viernes pasado FIFA publicó varias respuestas a los interrogantes que se abrieron después de que se anunciara que el Mundial 2030, por tratarse del centenario del torneo, comenzará en Sudamérica y continuará en Europa y África. El máximo rector del fútbol explicó que se extenderá el calendario para darle tiempo a los equipos de viajar desde Argentina, Uruguay o Paraguay rumbo a España, Portugal o Marruecos.
Para esta ocasión especial, el ente confirmó que habrá dos ceremonias inaugurales. La primera se realizará en Montevideo el sábado 8 de junio, justo antes del comienzo del partido de Uruguay, que abrirá el certamen en un lugar simbólico porque fue allí donde en 1930 se disputó el primer Mundial que justamente ganó la Celeste. Luego, la siguiente será el 13 de junio en sede a definir entre España, Portugal y Marruecos.
Es decir que los tres primeros partidos se desarrollarán en Sudamérica el fin de semana del 8 y 9 de junio de 2030 y serán los de Argentina, Uruguay y Paraguay, ante rivales a definir por sorteo. Cabe recordar que estas tres selecciones, al igual que las de los otros países anfitriones, se clasificaron automáticamente a la copa, sin la necesidad de disputar las Eliminatorias.
Una vez jugados esos encuentros, habrá un espacio de casi una semana porque la actividad se reanudará el jueves 13 y viernes 14 de junio, en las otras naciones sede. Por su parte, las tres selecciones sudamericanas jugarán la segunda fecha entre el 21 y el 22 de junio, para darles tiempo a aclimatarse tras el viaje.
Además se sabe que todos los ajustes necesarios al calendario de partidos se realizarán dentro del marco del actual calendario internacional, por lo que el periodo total de cesión de jugadores se mantendrá sin cambios en relación con la Copa Mundial de la FIFA 2026. En consecuencia, no se necesitaría añadir más días al presente statu quo, y tampoco supondría ninguna carga añadida para ninguna selección participante, ni para sus jugadores o clubes de la liga nacional. Además, también se aplicarán las mismas excepciones al periodo total de cesión de jugadores para la Copa Mundial de la FIFA 2026 a aquellos jugadores que compitan en las finales de las competiciones de clubes de las confederaciones.
Por otro lado, el organismo explicó que todo esto será aprobado formalmente en el Congreso FIFA que se llevará adelante en el cuarto trimestre de 2024 y a su vez allí se votará por la sede del Mundial 2034 en el que sólo se aceptarán propuestas de Asia y Oceanía, para cumplir así con el principio de rotación entre confederaciones.
En consecuencia y frente a estas proyecciones que a largo plazo se articulan, para el Capitán de La Scaloneta, la vida es hoy y su etapa de recuperación lo abstraen de las súplicas de todo el sistema, en eternizarse en un campo de juego.
La condición de humano que lo atravesó en los últimos tiempos, hizo que se bajaran las expectativas de prolongar absurdamente, su carrera hasta el próximo mundial 2026, solo por un tema de pantagruelicos negocios desde su llegada a MLS, sin una consideración sensata de una vida útil amenazada por su eterno peregrinar en campos de juego y aviones.
Leo Messi esta desde ayer en Ezeiza luego de interrumpir esa continuidad blindada, como pocas veces en su carrera, para volver a encajar en un sistema de la que es el centro inspirador; pocos minutos ha jugado desde que abandono el partido ante los ecuatorianos hace un mes en el Monumental y por ello, su reaparición carece de una necesidad y urgencia deportiva, al fin y al cabo, en estos bises en los que ha entrado su carrera, solo debería obedecerle a su intuición y disfrute.
