El título de esta nota parecería tener más relación con el nombre de una lista que va a competir en las próximas elecciones primarias en nuestra provincia, que con un análisis de la llegada de Gerardo Martino a la dirección técnica del Inter de Miami y volver a compartir los mismos objetivos junto a Lionel Messi.
Es evidente que hay cierto magnetismo detrás de todo esto, a pesar que el Capitán albiceleste, vivió las mayores frustraciones deportivas en tiempos del Tata como técnico del Seleccionado Mayor y en su ciclo como coach Blaugrana, aún así estos caminos estaban por cruzarse una vez más y todo sucederá en una impensada competencia que los tendrá de protagonistas.
Hay una historia que explica la llegada de Gerardo Martino a dirigir a Lionel Messi y nada tiene que ver con lo mejor del mundo. La historia está relacionada al pasado del técnico argentino en la MLS. Si en Miami necesitará reconstruir al equipo, en Atlanta lo construyó. Cuando llegó a esa ciudad en 2017, debió pensar el plantel, aconsejar sobre cómo trabajar en las bases y armar un equipo competitivo que, al año siguiente, fue campeón. Una persona que trabajaba en Atlanta United y hoy es parte de la estructura profesional del Inter Miami pensó en Martino para este momento de refundación del club. Y allí anda el Tata, ya presentado y preparado para dirigir lo que hoy no hay: un conjunto a la altura de las expectativas.
Claro, su experiencia en ya haber entrenado a Messi fue un agregado importante: los dueños del Inter llevan meses pensando un club alrededor del 10. Esa experiencia, con dos camisetas, reunió pasajes de buen fútbol, conjuntos que supieron rodear a Leo (sobre todo en la selección) y decepcionantes finales.
Martino padeció la temporada de transición en Barcelona. Llegó en el segundo semestre de 2013, tras el fallecimiento de Tito Vilanova, en un clima de dolor interno y falta de rumbo en la conducción institucional. Fue el primer año de Neymar en el fútbol español, el de su adaptación al fútbol europeo y sobre todo a cómo moverse con Messi. Tras la salida de Martino, Barcelona contrató a Marc Ter Stegen (había tenido que afrontar los partidos decisivos con José Manuel Pinto debido a la lesión de Víctor Valdés) y a Luis Suárez. Al año siguiente el equipo ganaría la Champions.
En esa temporada Messi jugó 46 partidos y convirtió 41 goles. Fue de mayor a menor, superlativo primero y con problemas físicos después. Martino, por su parte, sufrió «no ser catalán ni holandés», como alguna vez sugirió. Siempre lo hicieron sentir visitante. Le criticaban, sobre todo, que se despegara del estilo histórico del club, algo que con el tiempo se terminó de esfumar. Decidió irse varias semanas antes de no haber podido ganar la Liga en la última fecha contra Atlético Madrid.
Tres meses después, lo sorprendió el llamado de Luis Segura para proponerle dirigir el seleccionado argentino. Martino supo de entrada que el período post Grondona tendría sus complicaciones. Así fue: la interna dirigencial lo erosionó (se rumoreaba que Marcelo Tinelli quería a Jorge Sampaoli) y cuando renunció, lo hizo sin apoyo alguno para armar la convocatoria de jugadores para Río de Janeiro 2016.
Entre ambos momentos la Selección tuvo lapsos interesantes. Con Messi (20 partidos y 13 goles en esa era) y sin él también: fue la época en la que Argentina mejor disimuló su ausencia. En las dos ediciones de Copa América, el equipo supo jugar alrededor del 10; en la primera, con buen rendimiento de Javier Pastore y en la segunda, con Ever Banega de socio. Las dos finales perdidas contra Chile opacaron el ciclo.
Desde entonces Martino y Messi no se habían cruzado hasta el Argentina-México de noviembre en Qatar. Volvieron a verse en el vestuario del estadio de Newell’s, abrazo incluido. El Tata no es de esos entrenadores que alargan el lazo con sus dirigidos más allá de las canchas. Lionel no suele extender la relación con sus entrenadores fuera del equipo. La próxima vez que se encuentren será ya con la ropa de entrenamiento del club de ambos. Los dos quieren transitar con menor presión estas etapas de sus carreras; ambos, también y por espíritu competitivo, estarán incómodos hasta que Inter Miami levante.
El sábado Inter recibe a Austin FC, seguramente todavía sin el Tata en el banco. Tiene pautado un partido frente al Columbus Crew para el martes que probablemente se postergue. Si eso pasara, el debut del técnico argentino quedaría para el sábado 8 contra DC United. Luego le quedará visitar a St. Louis City y encarar el receso de más de un mes en la MLS, en el que afrontará la Leagues Cup, el torneo que incluye a equipos mexicanos y estadounidenses. Claro, en ese lapso se sumará Lionel Messi, el hecho que ayudará a cambiar el fútbol en uno de los pocos países donde no es prioridad.
Esto es solo el inicio de muchos capítulos que vamos a compartir, en los trancos finales de la carrera de este deslumbrante artista, que seguramente encontrara en ese marco del futbol americano, el afecto incondicional de una sociedad que comenzara a poner en sus agendas con resaltador, día y horario de los partidos de Leo en el Inter y que además le agregara con esa incomparable maquinaria de difusión, su preferencia para potenciar y amplificar los otros deportes que concentran la mayor adhesión según las tradiciones del pueblo americano.
Allá van Leo y el Tata unidos por el cordón umbilical a seguir haciendo historia y porque no, permitirse alguna cana al aire.

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