Cada uno sabrá cómo gestionó las emociones en estos días y si aquello fue posible sin colapsar; desde que comenzó este mundial los momentos han sido con intensidad vividos y en esa montaña rusa, nos encontramos con estados a cuáles, más extremos. Supimos de la frustración desde el kilómetro cero, cómo no recordar esa caída ante los árabes, un resultado absurdo e impronosticable; luego el miedo a ser defraudados deportivamente por un equipo que llegaba a estas remotas tierras como uno de los protagonistas y sin embargo, rápidamente se asomaba al abismo; la victoria ante México nos acercó paños fríos, pero no aventó los fantasmas de un regreso en primera ronda, una circunstancia que solo atravesó aquel proceso de Marcelo Bielsa en el mundial de Corea y Japón hace dos décadas.
Ese nuevo modelo que rápidamente modificó Lionel Scaloni, volvió a dar las respuestas adecuadas y todo eso que temíamos trocó por los primeros elogios y aquello de: nos volvimos a ilusionar, se convirtió en un verdadero hit. Con la clasificación bajo el brazo y un camino que se comenzó a allanar, llegaron las instancias más propicias y los partidos que la devolvieron a esta selección al estrado de los candidatos, porque al superar a Países Bajos en un encuentro que nunca olvidaremos por las vicisitudes por las que atravesó, las instancias siguientes fueron superadas con un nivel de juego que fue creciendo a medida que el listón se levantaba, hasta llegar hace unos días en Lusail al mejor partido que se recuerde en los últimos mundiales goleando a Croacia, cerrando fisuras y dejando un mensaje esperanzador para este domingo y de preocupación para este rival, al que conoce, al que padeció hace cuatro años en Kazán y al que le quiere escamotear el título que ostenta.
EN LA CUMBRE
DE LA HISTORIA
El partido de esta tarde tendrá implicancias sobresalientes para todos, ya tenemos claro lo que se juega el fútbol argentino en este regreso a la palestra; no obstante, en lo individual, el líder de este equipo se subirá al último escalón del podio, pasara lo que pasara en el resultado de esta final.
El rosarino se convertirá en el futbolista con más partidos en la Copa del Mundo, al superar al alemán Lothar Mattaus al que hoy iguala con 25 presentaciones. Leo jugó 3 partidos en el mundial de Alemania, 5 en Sudáfrica, 7 en Brasil, 4 en Rusia y con las 7 presentaciones en Qatar, llegará a 26, una marca difícil de derribar en el futuro; además podría terminar como goleador de la Copa ya que hasta ahora anotó 5, pero también en 5 oportunidades marcó Kylian Mbappé, con lo cual, esta será otra pulseada brava para Messi, en un partido que puede cerrar su campaña con la casaca albiceleste, como nunca otro jugador en la faz de la tierra pudo lograr.
Nadie sabe si esta despedida de los mundiales, además conllevará el adiós a todas las competencias internacionales, algo que algunos desde su entorno lo descartan, al menos si consigue consagrarse, una decisión que, de cualquier manera, no está lejos en el tiempo. Son los bises de Lionel, con el de hoy será su partido número 172 con la Selección Argentina desde aquel 2 de agosto de 2005 cuando José Pekerman lo hizo debutar ante Hungría, hasta la disputa de su segunda final mundialista con la conducción de Lionel Scaloni.
Un fenómeno del fútbol contemporáneo que ya no encuentra objeción alguna y con el cual empatiza toda la comunidad deportiva internacional; no hay quien no responda en una requisitoria periodística que le gustaría que nuestro combinado sea campeón por su figura, por su estética de juego, por su aporte al espectáculo y al juego limpio, por su compromiso incombustible con la causa nacional y por su gesto de autosuperación que lo muestra revestido de una pátina amateur
¿Si nos preguntan a los argentinos por qué marchamos? La respuesta no tardará en llegar, marchamos por Messi y por los tipos como Messi, porque sin proponérselo, no es solo un jugador de fútbol, se ha convertido en un modelo a imitar en valores y sentido de pertenencia.
El entrenador se ha caracterizado por poner a prueba, además de su intuición, el tejido colectivo de un plantel que ya asumió que los cambios de nombres y formatos tácticos forman parte de un estilo, que al menos en este mundial, fueron refrendados por los resultados. Ya no hay discusión, ni miradas torvas cuando se anuncia el banco de suplentes y allí se localizan muchos de los protagonistas de la buena base de resultados y la conquista de la última Copa América, que han traído a este seleccionado a jugar el partido número 64 aquí en Doha.
Ángel Di María, Leandro Paredes, Lautaro Martínez, Papu Gómez, por mencionar los que más minutos tuvieron en el ciclo del técnico nacido en Pujato, fueron relegados sin miramientos a un rol menos protagonista versus otros jugadores, que, con mejor ritmo futbolístico en sus clubes, le devolvieron un swing más competitivo, hasta el mismo Rodrigo De Paul fue sustituido en algún momento por no estar físicamente acorde a los rigores de partidos límite. Estos manejos fueron asimilados con recato por parte de los históricos referentes del plantel, lo que ha mostrado una cohesión poco frecuente en un escenario de egoísmos y vanidades. Vamos Argentina sabes que yo te quiero, hoy hay que ganar y ser primeros.
