No bien pisó el suelo de Turín los seguidores de la Vecchia Signora ya le dieron fluidez al nuevo apelativo que cotejará mientras dure su residencia en esa distinguida ciudad del norte de Italia, con el de “fideo” o “flaco” o simplemente “angelito”, tal el revuelo causado desde que se anunció la contratación de un futbolista, cuyo recorrido luego de partir desde Rosario, ofrece un estadística que lo instala entre los mejores en su puesto por la calidad de sus servicios y los clubes por los que ha caminado en todos estos años.
No resulta complicado adoptarlo entre los afectos a Ángel Di María, su vida pública es austera y sus acciones privadas solo se remiten a un par de imágenes en las redes sociales en medio de entornos de familia y amigos de la mesa chica, en consecuencia su perfil coopera para tal relación y sin tratarse de un jugador carismático, su despedida en París hace un par de meses, luego de 7 temporadas en el poderoso PSG fue de las más emotivas que se le ha tributado a un jugador extranjero, recogiendo de esa manera el santafesino, los mejores frutos a los que cualquier persona en su profesión puede aspirar, que no es otra cosa que al afecto y la gratitud.
La historia nos cuenta que a pesar que sus primeros pasos los dio en el club El Torito de Rosario, el ojo clínico de Ángel Tulio Zof llevó a los canallas a reclutarlo y comenzar a escribir los capítulos rumbo al profesionalismo de mano de su protector y maestro, que además supo con esa sensibilidad de los viejos formadores, en qué momento debía colocarlo a competir en el equipo mayor que él entrenaba.
El ascenso del Flaco Di María fue meteórico, hay que hurgar en el arcón del fútbol contemporáneo para localizar un parangón semejante; si tomamos como referencia los partidos jugados hasta hoy, distinguiremos tal singularidad sin la necesidad de apelar a un razonamiento entrenado en este deporte, de los 798 jugados, entre los cuales se suman los disputados con la casa nacional, apenas 39 fueron con la camiseta auriazul, evidente plataforma hacia ese lugar en el que solo se instalan las celebridades de este juego.
Desde su llegada a Europa, más precisamente a tierras Lusitanas atraído por los casi 10 millones de dólares que Central embolsó de Benfica, Angelito comenzó a subir de a dos los escalones y ese apogeo en resultados, lo alcanzaría un par de años más tarde al llegar como uno de los refuerzos de incipiente influencia a la Casa Blanca; con el Real Madrid ganó todo, desde los torneos domésticos, hasta la Champions compartiendo ese plantel con grandes cracks todavía en cartelera como Cristiano Ronaldo, Karin Benzema y Gareth Bale con los que se reencontrará casi una década después, disputando con diferentes selecciones el próximo mundial en Qatar.
Menos próspero comparativamente fue su aporte y experiencia en otro gigante europeo como el Manchester United donde solo jugó una temporada, lo que sería el puerto para cruzar a Francia y estampar en el PSG su firma indeleble con 93 goles en casi 300 partidos, instalándose en el Parnaso del fútbol galo.
De ahí viene esta línea de tiempo que todavía promete capítulos que aún no escritos, sus expectativas están respaldadas de manera irrefutable, ya sea en su nuevo equipo la Juventus o con su otro gran amor de colores albicelestes en Doha a partir de noviembre.
LA SCALONETA CUMPLE SU PRIMER AÑO
La vida deportiva de Ángel Di María ha quedado acuñada a los momentos más felices de nuestro deporte insignia; es impostergable la digresión en la que se reflejan los otros, los más difíciles que atravesó jugando para la Selección en tiempos de esa anemia insólita de casi 3 décadas sin títulos, por lo tanto cobra un valor adicional, esta remontada donde su juego por momentos, superó en influencia al del propio Leo Messi y lo escolta entre los preferidos y mimados para los aficionados en nuestro medio.
El Fideo Di María anotó goles imborrables que le permitieron al fútbol de nuestro país, por ejemplo ganar por segunda vez consecutiva una medalla dorada en los juegos olímpicos en este caso en Beijing; quien no recuerda la agónica victoria en tiempo adicional frente a los suizos en Arena Corinthians en el mundial de Brasil o la última hazaña de este sorprendente modelo Scaloni, cuando en Wembley marcó un gol fundamental para consolidar lo que luego sería una goleada ante los italianos y una nueva estrella para los argentinos.
Queda en otro plano aquella actuación soberbia en el Maracaná hace un año y como hoy le damos cuenta con categoría de efeméride, parece que fue ayer o hace 10 años, da igual para la memoria selectiva, sin embargo sucedió el 9 de julio de 2021, todavía con las estrictas restricciones de la pandemia y estadios vacíos en la Copa América, nuestro seleccionado fue logrando un grado de maduración sostenido a lo largo de la competencia y empezar a mostrar señales que luego, se convertirían por la solidez de su juego en uno de los más respetados del momento en todo el planeta fútbol. Pero volvamos a Rio de Janeiro y rápidamente las emociones nos llevarán a esa final soñada ante el Scracht y esa definición para todos los tiempos del rosarino y celebrar con ese puñado de hinchas, una de las victorias más importantes en la historia de nuestro fútbol, por el contexto, por el rival y porque volvía a la casa de calle Viamonte, después de 3 décadas una réplica de la Copa América y así, dar por terminada esa letanía de frustraciones.
En todos esos momentos la estampa de Di María los acompaña en su carácter de figura indiscutida y además de ponerle fecha de nacimiento a lo que hoy el mundo del fútbol llama “La Scaloneta”, todo parece indicarnos que no ha terminado, acaso estos meses en la Juventus, le permitan conservar su ritmo y su ojo de tigre para después prolongar esta leyenda en el Mundial de Qatar, la otra firma pendiente.
