Por aquello de no dejar precedente alguno que en el futuro sea manipulable, la FIFA terminó provocando un dislate de indescifrable concreción, al imponerle a CONMEBOL que se jueguen los minutos restantes, solo se habían disputado 5’ en Arena Corinthians en septiembre del año pasado y en el marco de las Eliminatorias Sudamericanas, entre el Scracht y lo que ahora se conoce mundialmente como La Scaloneta.
La FIFA rechazó hace unos días las apelaciones presentadas por la AFA y la CBF y ratificó que Brasil y Argentina deberán completar el superclásico suspendido el 5 de septiembre del año pasado en San Pablo, correspondiente a las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial Qatar 2022. El máximo ente rector del fútbol mundial programará la prosecución del encuentro en lugar y fecha a confirmar, antes del inicio de la Copa del Mundo, prevista del 21 de noviembre al 18 de diciembre. La Comisión de Apelaciones de la FIFA no hizo lugar a las presentaciones de ambas federaciones para evitar un partido sin ninguna incidencia deportiva, dada la conclusión de las Eliminatorias y la clasificación mundialista asegurada por parte de ambos seleccionados.
Además de mantener la disputa del superclásico, la FIFA conservó la multa de 50.000 francos suizos -misma cantidad en dólares- para ambas entidades por la suspensión del juego, aunque rebajó la sanción económica por otras infracciones cometidas. La AFA pagará 100.000 francos, la mitad de lo estipulado inicialmente, por incumplir sus obligaciones relativas a los preparativos y la participación en el encuentro; mientras que la CBF abonará 250.000 y no 500.000 por fallas en materia de seguridad y orden público. La FIFA resolvió el caso en febrero pasado cuando comunicó la continuidad del partido, las multas económicas y la sanción de dos partidos a los futbolistas argentinos Emiliano Martínez, Emiliano Buendía, Cristian Romero y Giovani Lo Celso, quienes ya cumplieron en la última ventana de Eliminatorias.
Esta es la crónica ya conocida de los bochornosos episodios de responsabilidades compartidas, que impidieron que esa competencia de clasificación para el mundial de Qatar no tuviera asteriscos que hoy deben salvarse para dejar normalizada esa disputa, aunque el resultada nada cambie la lista de representantes del Cono Sur.
¿CON QUE EXIGENCIAS REGLAMENTARIAS SE JUGARÍA?
El partido entre Brasil-Argentina no tiene definición: no es amistoso, ni es por una de las antiguas copas Roca, ni tiene implicancias para las Eliminatorias o para el destino de un tercero. Es un partido abstracto: se jugará para que Bolsonaro haga valer su poder al tiempo que la FIFA, como nunca, se perderá la gran oportunidad de hacer escarmentar con pérdida de puntos a quienes admitan la injerencia política en sus federaciones, como lo está haciendo Brasil.
Habría que ir a jugarles con los juveniles que dirige Mascherano, la sub 20. Evitaríamos riesgos de todo tipo ya sea lesiones o sanciones. Al momento de jugarse –si se jugara– el plantel regular de la Selección Nacional tiene 8 jugadores con una amarilla. Ellos son: Martínez Quarta, Lautaro Martínez, Exequiel Palacios, Lucas Ocampos, Nicolás Domínguez, Paulo Dybala y Alexis Mac Allister. Y están “al límite” por cantidad y a pesar de haber cumplido, otros tres: Nicolás Otamendi (5), Cristian Romero (3) y Nicolás Tagliafico (3). ¿Valdrá la pena llevar a la Selección que irá a Qatar? ¿Tiene sentido arriesgarse a una expulsión o a una lesión? ¿Quién no le protesta a un árbitro? Y mirá si en el informe te pone “insulto” en lugar de “exceso verbal; chau, no jugás los 3 primeros partidos. ¿Cuánto les costaría a los jugadores o particulares brasileños generar un tumulto contra quienes pudieren ser sus potenciales rivales de semifinales y dejarlos debilitados para la clasificación de la primera ronda?
Estas pertinentes conjeturas, encuentran un lugar sólido al ratificarse que las reglas son las imperantes para los partidos oficiales y en consecuencia, lo antes analizado, lo convierte en un partido de alto riesgo, no tanto por las hipotéticas lesiones ya que estas pueden suceder hasta en un entrenamiento o frente a cualquier otro rival, aún los llamados sparrings, sino por las consecuencias que puede proyectar un eventual resultado que deje heridas a pocas semanas de la Copa del Mundo.
El antecedente de la humillante goleada de España en la gira previa al mundial de Rusia, está como una experiencia a no repetir y cercana en el tiempo; en aquella noche madrileña La Furia le metió 6 a ese desflecado equipo que dirigía Jorge Sampaoli adelantando la fecha de defunción, claro que el mundial lo ratificaría todo, quedando muy cerca de ese baldón de 2002 en la gestión de Marcelo Bielsa.
Se podrá alegar que afortunadamente, excepto algunos nombres en común, la identidad que le imprimió Lionel Scaloni con manos de autor, mas la renovación de gran parte del plantel y el renacimiento de Lionel Messi y Di María, las comparaciones son improcedentes sin embargo, las grandes potencias o los equipos señalados hoy como candidatos a ganar la copa en Doha, evitan amistosos de fuste ante el doble filo de partidos de esa naturaleza en los umbrales del objetivo.
Un Brasil-Argentina, el match soñado, el enfrentamiento que todo el mundo quiere ver, el de los Pelé, Maradona, Messi y Neymar… convertido en un hecho político, una cuestión de poder, un partido abstracto, fútbol de escritorio, un insulto a la historia.
